El delirio. ¿Qué es el delirio? Todo depende de cómo lo vean a éste. Yo pienso que llamamos delirio a la libertad de expresarnos. Quizá sólo se trate de deseos ocultos, profundos que, aunque parezca tonto, extraño, ilógico y anormal para los demás, son verdaderos deseos. Oh, sí. Quizá yo estoy delirando en este momento (ultimamente no distingo siquiera mi estado, lo sé). Es más, pensá en lo siguiente: qué rayos ocurriría si mañana aparecen una especie de extraterrestres y se llevan nuestras raquetas y todo el legado que han dejado mis mayores admiraciones. ¡Hey! ¿Al menos creo en estos pequeñines? No, no creo. Por lo tanto, no corro el riesgo de tal hecho, gracias a mi forma de pensar. Aunque pensándolo bien, si existieran estos pequeñines sería genial que lo hagan para algo útil, como para transportarme hacia donde carajo se encuentre Martín, para así poder quedar viendo siglos y más siglos su sonrisa, o bien podrían hacerme nieta de Paul McCartney (aunque amo a mi familia... ¿entonces qué?). Okay, lo último tal vez no, pero sí me gustaría poder estar mucho, mucho, mucho tiempo cerca de Paul... Mi amado, alabado, admirado, pícaro, simpático Paul. Creo que siempre lo nombro cuando escribo ultimamente.
En fin, personas. Me pregunto por qué cada vez que me pinto las uñas las destrozo rosando por cualquier lugar, es una especie de imán singular que tiene, sobre todo, con mi propia mano. No sirvo para estar quieta, creo.
La pregunta del millón: ¿qué tiene que ver si mi abuela se ve sexi o no en tangas? No lo sé, pero me pareció un buen título (Si el título es bueno... no me interesa mucho lo demás jajajaja)