Qué carajo. Me cagué tratando de entender cómo mierda saber qué tipo de factorización tengo que utilizar en determinados casos y toda la bosta, lo demás casi ni repasé si quiera. Llegué el viernes para hacer la evaluación integradora de matemática unos veinte minutos antes (lo de nunca). Llegué muy nerviosa y con mucho miedo. Salí de hacer la evaluación ni tensa ni nada. No soy de controlar los resultados ni ver cómo se hacían los ejercicios, por una cuestión de costumbre y, sobre todo, para ahorrarme disgustos en caso de que los haya. La cosa es que, una vez que llegué a la oficina de papá, miré cómo se hacía un ejercicio y parece ser que lo hice mal. Mis ganas de vivir en este momento son muuuuuuuuy escasas. No soy un nerd ni nada de eso (¡vaya que ni me parezco!), pero lo que sucede es que debía irme súper en esta evaluación, ya que me fue mal en el último trimestre (gracias a la factorización del demonio)… Debía compensarlo.
El viernes a la noche tuve pesadillas (en tooooda la noche) a causa de esto y, como si fuera poco, me dí cuenta de que, al final de una ecuación, cometí un error. Para qué, Cecilia, para qué. Sábado a la noche, también tuve pesadillas. Es domingo y te puedo asegurar que, desde que hice esa evaluación pedorra, no paro de pensar en el colegio.
Además, aún me falta saber mis resultados en Historia y Contabilidad, con la diferencia de que en esta última aún (pareciera ser que) tengo una lección más que me salvaría mi apestosa vida en estas ocasiones de cada año, desde que estoy en la secundaria.
Debo estar paranoica, no me atrevo a negarlo. Seguramente así es. Mientras mi paranoia no resulte mala, está todo más que bien.
Estoy cagada hasta las patas, como lo notarán. Es imposible que no lo hagan. Esto no me avergüenza en lo absoluto, sólo me importa que no sean resultados malos.
No entiendo por qué, Dios mío, si me estaba yendo súper bien. Qué triste esto. Lo peor es que me prometí no volver a pasar por esta situación y mirá dónde estoy otra vez.
Historia, Matemática y Contabilidad. Son ellas quienes me tienen muy tensa, nerviosa, desesperada, con miedo (mucho), enferma (nunca un flaco, gracias a mi forma de pensar jajajajá). Y me hacen sentir que estoy hecha una estúpida dejando que mis sueños se derrumben. Eso último es lo que más me duele, porque al resto lo puedo soportar, pero dejar caer a mis sueños es como dejar que hagan de mi lo que quieran, como pensar que mi vida no tiene sentido en lo absoluto.
Qué desesperación de porquería la mía en estos momentos de la vida (la mía, al menos). ¿La verdad absoluta? No quiero fallar. Mucho menos decepcionar. Hablo en general.
¿Mis vacaciones felices? Creo haberlas visto a punto de irse bien al maldito carajo.
Quiero verme y (sobre todo) sentirme satisfecha, aliviada y feliz. Desearía saltar de hoy al 24 de Diciembre. Pero no se puede. Eso significa que soy yo quien debe hacer el trabajo restante. Bueno, puede que también dependa alguín del destino (y no sólo del mío).
No me fallaré, señoras y señores. Ni a mí ni a nadie.









